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Aclarando conceptos (1) – el equipo del dj

 

 

2015-04-11 13.49.37 Hubo un tiempo en el que todo lo que concernía a la música era muy sencillo: buscabas un dj (o en su caso, una orquesta), les explicabas «a grosso modo» como querías que fuera el servicio y, el día del evento, se presentaban con los bártulos, exclusivamente de sonido, que la iluminación ha sido un añadido posterior, y a tocar.

Evidentemente, el modelo era mejorable, aunque tenemos la impresión de que la cosa se ha ido un poco de las manos. Un buen montaje, además de un buen equipo de sonido (y por «buen equipo» entendemos uno que suene bien, no uno que suene muy alto), debería incluir un equipo de iluminación funcional y la posibilidad de acoplarle unos «extras»: equipo de TV o proyector, máquina de humo, etc… También hay que detallar más con los clientes qué estilos musicales les gustan más y qué tipo de público vamos a tener. Con eso, y un buen dj, tenemos la fiesta servida.

Sin embargo, hay una tendencia preocupante a dar como «imprescindible» lo que en realidad es opcional. La persona que nos lo enseñó todo en montajes de sonido nos explicó, hace casi 10 años, que el dj no debería quedar oculto detrás de una montaña de aparatos. Pues nada: montamos un búnker y que el dj no se distinga. La persona que nos enseñó cómo y cuándo se debe «mover» a los invitados nos explicó que nunca se debería perder de vista el equipo de sonido. Pues nada: tenemos dj-fotógrafo, dj-que-graba-en-vídeo, dj-coctelero… Que no pasaría nada si todos esos servicios se hicieran a su debido tiempo y con la debida preparación. Pues no: el paquete básico lo incluye todo.

Al igual que el menú elegido no incluye todos los platos de la carta, los servicios deberían ser más adaptados a lo que quieren los clientes. Solo así das la impresión de que el servicio es verdaderamente personalizado. Llevar un equipo de 5.000 vatios de sonido a una jubilación con 25 invitados demuestra que, efectivamente, tienes un equipo de sonido muy grande, pero que no sabes que te van a sobrar 4500 vatios. Poner el equipo de iluminación del Supermartxé de Ibiza a una boda de mediodía en un salón totalmente acristalado indica que sí, tienes mucho equipo de iluminación, pero no te va a servir de nada y todo va a quedar en un alarde innecesario.

En Sonifon decidimos hace tiempo no entrar en la guerra de ver quién lleva el equipo más grande. No vendemos tamaño, vendemos servicio. Queremos que nuestros clientes se sientan a gusto, que los altavoces den una buena calidad de sonido pero no echen a nadie del salón. Que la iluminación cumpla su objetivo, que no es otro que darle color a la fiesta. Que si alguien quiera un añadido, lo tenga disponible y si no, se lo buscamos. Pero que sea por su decisión, que no le suponga un quebradero de cabeza pensar qué hace con ese extra que no tenía pensado meter. Y sobre todo, ya desde el principio, decidimos que la fiesta es de los clientes, no nuestra. Tenemos que adaptarnos a lo que nos piden y asesorarles cuando lo pregunten. Porque tampoco podemos mentir a nuestros clientes. Si nos piden un dj que anime mucho y que además saque fotos del baile, nuestra obligación es avisarles de que las dos cosas son, en principio, incompatibles. Una vez que el cliente entiende lo que pide, eso sí, somos los primeros en hacer que se lleve a cabo.

Hubo un tiempo en que los djs no animaban nada. Pero no porque fueran unos sosos, es que el mercado no lo pedía. Se entendía perfectamente que llegaras con tu maletín de CD´s y no dijeras ni «buenas tardes». Con el tiempo, empezaron a llegar los animadores, profesionales que, además de poner música, hacían coreografías con los invitados, y los dj´s que no animaban nada quedaron obsoletos. Además la tecnología, sobre todo, la informática, permitió un poco más de libertad a la hora de poner música, evitando tiempos muertos entre canción y canción. Animar, en mayor o menor medida, se hizo indispensable.

Ahora estamos iniciando la época del «dj-multimedia». Esto es: un dj que ponga vídeos o saque fotos o grabe vídeos durante la fiesta. Que no es mejor ni peor que el animador si los clientes deciden que éso es lo que quieren. El problema viene que, al igual que en el caso que abría esta entrada, es incompatible con el otro modelo de dj, y hay que dejárselo claro a los clientes.

Como veis, los tiempos cambian, los servicios se adaptan a lo que demandan los clientes, pero hay cuestiones que no son compatibles. Los fotógrafos pueden ser clásicos o modernos, pero las dos cosas a la vez dan como resultado un album de boda sin criterio. El restaurante puede apostar por cantidad o calidad con los menús, pero aunar las dos cosas es muy complicado y tiene pocas posibilidades de éxito. El vestido de novia no puede llevar todos los tejidos ni todos los adornos… pues con el dj es algo parecido. Hay cosas imprescindibles y cosas superfluas. Hay tareas que interfieren la labor habitual y otros que no. Y hay parte del equipo que tiene que estar sí o sí y otras que solo despistan invitados. Y aunque algunos digan que animan mucho, ponen vídeos y toman fotos, todo a la vez, debemos acordarnos que alguien muy sabio dijo hace tiempo que no se puede estar la vez en la misa y repicando.

¿Cómo abrimos el baile? (II) – Un vals. Un vals???

Hoy tratamos uno de los dilemas más «típicos» a la hora de planificar el baile. ¿Cómo empezamos? Caso número 1: queremos un vals pero algo que no sea muy típico.

Los lectores habituales de esta web ya sabrán que no somos de imponer cosas ni de sugerir exhibiciones de baile ni todo lo que suponga un trabajo «extra» a los novios, sobre todo si no les apetece. Si sabemos bailar, bien y si no, también. El vals puede ser muy clásico pero también muy socorrido. Afortunadamente, aún no es obligatorio que los novios sorprendan sí o sí a los invitados, como pretenden imponer desde algunos blogs con tendencia al histrionismo. Se trata de abrir el baile. Si además podemos y queremos imitar a Ginger Rogers y Fred Astaire, estupendo. Si no, nadie se tiene que sentir mal por no ser un virtuoso en la pista de baile.

Un vals puede ser «El Danubio azul» o «El vals de las mariposas». Pero también el tema central de la película «Amelie» o el «Noches de boda» de Sabina. Los hay para todos los gustos y de todas las épocas. Y tampoco nadie se tiene que sentir mal por elegir un vals. Hoy proponemos cinco temas no tan usados (algunos conocidos, otros, no) para empezar un baile sin tener que dar clases. Es la ventaja que tiene el vals…

Engelbert Humperdinck – The Last Waltz
El incombustible Humperdinck grabó hace décadas este tema sencillo, de melodía agradable y que, además, no es muy largo (siempre lo agradecerán los menos bailones)

Marlango – Pequeño vals
Uno de los grupos más elegantes del pop nacional dejó este vals hace unos años. Tiene un ritmo variable pero el estribillo es muy pegadizo

Leonard Cohen – Take this waltz
Basado en una poesía de García Lorca. Muy sencillo de bailar y con una melodía muy pegadiza. Mucho mejor el original que la versión posterior de Ana Belén.

Queen – The Millionaire Waltz
Los fans del gran Freddie Mercury seguro que disfrutan con esta canción del «A day at the races». Eso sí: recomendamos tener cuidado cuando entra la guitarra de Brian May, que se hace muy difícil de bailar. Hay versiones en piano o, incluso, se puede hacer el primer baile solo hasta la guitarra

Juliette Greco – La valse brune
Y ya para terminar, algo en francés con la voz siempre sensual de Juliette Greco. Los valses con acordeón siempre tienen un toque añejo (que no rancio). A los mayores de la boda seguro que les hace empezar a bailar con una sonrisa.

Esta es solo una pequeña muestra. Recuerda: no queremos imponer nada, solo aconsejar. No queremos caer en el error de tratar de revivir una y otra vez nuestras bodas en las bodas de otros. Cada persona es un mundo y los gustos cambian de unos a otros. No te sientas mal por empezar con una canción «típica» o por no hacer una exhibición que quede en los anales de youtube. Simplemente, sé tu mismo

…Y en nuestra próxima entrega: canciones que no son un vals pero pueden pasar por ello

Diez días de locura

Para empezar la temporada oficial de eventos no ha estado mal: poner música a una ceremonia, ambientar un cóctel, animar una boda, celebrar una fiesta solo para señoras, celebrar otra fiesta solo para parejas, aparecer en la tele poniendo música de los 80´s y acabar con una fiesta de disfraces. No será la semana con más trabajo del año pero seguro que es la más variada. Un pequeño resumen gráfico de lo que pasó entre el 7 y el 16 de febrero, aquí debajo:

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Cómo iniciar el baile (y no morir en el intento)

Vamos hoy a abordar uno de los momentos de mayor tensión que se produce en las bodas: la apertura del baile. O el vals, como se dice coloquialmente, aunque la mayoría de las veces ya no es un vals, pero nos hemos quedado con la cantinela.

No somos muy dados nosotros a recomendar qué canción es mejor o cuál peor. Cada persona tiene sus gustos y preferencias, y lo que para unos es una pastelada, para otros es la canción de sus vidas. No somos quién para decidir qué canción se adapta mejor a una pareja para iniciar el baile. Podemos orientar, aconsejar o presentar una lista de canciones, pero la elección final es propia de cada persona.

Alguno dirá… ¿y para esto gastan una entrada? Nooooo. Lógicamente, algo tenemos que decir. Y si queremos hablar de las canciones de inicio es por una cuestión: bodas que nos hayan salido mal no hay muchas, pero sí es más fácil que el primer baile salga mal. ¿Significa eso que la boda se ponga cuesta arriba? Ni mucho menos. ¿Se puede hacer algo para solucionarlo? Por supuesto.

1) Pensar que la canción de inicio sólo es eso: una canción. Un pequeño momento de entre todos los que compondrán el baile. Vale, sí, todo el mundo estará mirando a los novios pero, por lo demás, no debemos añadirle dramatismo. Cierto es que los vídeos que circulan por internet de las bodas en países anglosajones, con exhibiciones y coreografías imposibles, no invitan al optimismo. Pero también es cierto que, en esos mismos países, por regla general los bailes duran muy poco y baila muy poquita gente. Así que el primer baile de los novios es «el baile». Aquí os va un ejemplo (a partir de 1:42). Recomendación: no lo hagáis en casa.

2) Tener en cuenta que el tema elegido tiene que ser algo que tenga un mínimo ritmo para bailar juntos (ojo a las baladas, que no todas lo cumplen) y también algo que os guste, porque así se hará más ameno. Porque ya metidos en el berenjenal de bailar delante de todo el mundo, por lo menos que no sea un suplicio para los oídos. Cuidado de elegir algo demasiado movido, que después resultará fácil perderse. Tenemos vídeos pero no los vamos a poner, lógicamente, que perderíamos algunos amigos. Y luego hay canciones que funcionan casi siempre…

3) Elegir la canción entre los dos. Imponer un tema concreto va a hacer que la otra persona igual no se encuentre a gusto. Al final, eso se nota. Y quedará plasmado en las fotos…

4) Descartar recomendaciones sin fundamento. Quien mejor os conoce sois vosotros. No hay canciones que queden más bonitas o que sean más espectaculares… si no son de vuestro estilo. A veces sin mala intención y otras pocas, con afán de adueñarse de bodas ajenas, aparecen terceras personas quitando o poniendo canciones. De su gusto, claro, no del de los novios.

5) Pedir consejo al dj o, en nuestro caso, a la empresa (para eso seríamos varias personas trabajando en vuestra boda). Seguro que se les ocurre una solución y lo que parece tan difícil acaba por resultar mucho más sencillo. Desde cómo empezar, dónde situarse y en qué momento de la canción será mejor empezar a bailar, hasta organizar a los invitados una vez iniciada la canción o tener pensado un «plan B» por si algo no acaba de funcionar como se pensaba.

6) las coreografías sorpresa y los montajes, ¿sí o no? Como todo, depende. Si lo vais a pasar bien con él, perfecto. Si no… como todo lo dicho anteriormente. Lo único que, como ya son muchos los novios que han empezado con un mix, podríamos caer fácilmente en la repetición. Aquí lo mejor sería ir al punto 5) y preguntarle al dj.

7) Por último: fuera complejos! Hace años parecía obligatorio saber bailar para casarse. Hoy eso no es indispensable (sí, vale: algún profesor/a de bailes de salón seguro que ya nos ha puesto una «x» por este comentario). Y si no tenéis la habilidad de moverse como Ginger Rogers o Fred Astaire, vuestros invitados lo van a entender. No están ahí porque os quieran ver bailar: están porque quieren acompañaros en vuestro día.

A lo largo de estos años hemos visto de todo: novios que no sabían bailar y no lo disimularon pero se echaron unas risas; novios que no sabían bailar y lo pasaron mal; novios que no sabían bailar pero ensayaron una coreografía y les salió bien; novios que no sabían bailar pero ensayaron una coreografía y les salió mal… y también los casos contrarios con novios que sí sabían bailar. El caso es que acertéis con vuestra decisión, hagáis las pruebas que tengáis que hacer antes de la boda y veáis si el plan inicial sirve o no. Si los ensayos van bien, adelante con ellos. Si no… Nadie os va a exigir nada. Y no tengáis miedo en improvisar. Hay veces que aparecen canciones que no sabes por qué, pero acaban funcionando.

Ceremonias en exteriores

Internet ha propiciado que las costumbres de las bodas dejen de ser «locales» para convertirse en «globales». Esto es: las tradiciones traspasan fronteras y lo que antes era común solo en Bali o en EE.UU. pero nos llegaba contado a modo de leyenda ahora puede ser típico en España o Italia y, además, tendremos disponibles todos los vídeos y fotos que queramos para ver si esa tradición nos gusta o no.

Hay costumbres que no acabarán nunca de extenderse a otros países, pero otras se asientan rápido. Y así, lo que veíamos raro hace unos años, como casarse en el propio lugar de la celebración del banquete, hoy es bastante común. Muchos salones de bodas ofrecen ya espacios acondicionados especialmente para hacer la ceremonia nupcial, así que no nos ha quedado otra que adaptarnos, buscando la forma de poner el sonido y la voz pero, como siempre, permaneciendo en un discreto segundo plano.DSCF7958 IMG_20130907_174625 PIC_0002Nuestro trabajo es muy simple pero muy complicado a la vez: las canciones elegidas por los novios tienen que sonar en el momento justo y, sobre todo, las voces de la persona que oficie la ceremonia y de los contrayentes se tienen que entender. Sin estridencias y sin acoples. Y sobre todo, haciéndolo con delicadeza, cuidando los detalles y sin fallar en los momentos decisivos.

Solo así se consigue que sea un éxito. Hay que tener claro que no estamos en un evento «publicitario» (ojo con los rótulos) y que, si la decoración está cuidada hasta el último detalle, no podemos controlar el sonido sentados en una silla, al lado del maestro de ceremonias o en medio de una maraña de cables. Hay cosas que serán imposibles de ocultar (el atril o el cable del micrófono) pero será difícil de entender una foto en la que aparezca al fondo o en medio del cuadro una persona con una mesa de mezclas. Y es que, hay que tenerlo muy claro: aquí no somos los protagonistas de la ceremonia.

En Sonifón hemos puesto el sonido a muchas ceremonias. Algunas, en nuestros restaurantes habituales. Otras, en sitios a los que vamos como invitados. En todas, siempre, es vital coordinarse con el restaurante, con la persona que oficie la ceremonia y, si es posible, con quien haga el montaje del mobiliario y la decoración. Y todo, siempre, con delicadeza y cuidando los detalles. Si no, por muy buenos que seamos, estaremos condenados a que salga mal. Pero si lo hacemos bien, convertiremos el jardín de un restaurante en un bonito recuerdo: en el inicio de una gran historia.IMG_20140621_170909