Diez años de bodas

El 4 de marzo, se cumplieron 10 años desde que Sonifón realizó su primera boda. Afortunadamente, de aquella no existían las redes sociales para dejar constancia gráfica del momento porque habríamos quedado muy mal 😉 Solamente diremos que nada salió como habíamos previsto y, pese a ello, los novios quedaron contentos. Desde entonces, hemos tenido muchas más bodas para mejorar, aprender y adaptarnos a un sector que cada año cambia. Hemos tenido muy buenos momentos, otros buenos y alguno que nos gustaría que hubiera sido de otra manera. Lo que no ha cambiado desde aquel ya lejano 2006 es nuestra intención de hacerlo lo mejor posible en cada boda y disfrutar con nuestro trabajo, dejándonos contagiar de la ilusión de todas las personas que han decidido confiar en nosotros para uno de los días más importantes de sus vidas. No sabemos si dentro de 10 años estaremos aquí pero, mientras estemos, nada ni nadie nos hará perder esa ilusión. Gracias a todos los que habéis estado, estáis y estaréis ahí. Sois la razón de que hayamos podido cumplir nuestros primeros diez años.

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Ferias y churros

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Uno de los temas más recurrentes en este blog ha acabado siendo el sector de Ferias de Novios, porque, sí, ya son un sector en sí. O más que un sector, un mundo aparte. Y sí, son necesarias y sí, son demasiadas. Algunas, como las dos más grandes de Asturias (las que organizan la Cadena COPE en Oviedo y la Cámara de Comercio en Gijón) funcionan pero se hacen la competencia la una a la otra, algo que ya hemos comentado innumerables veces con sus organizadores. Otras, por desgracia, se hacen la competencia a sí mismas. Y lo peor es el daño que hacen al mercado. A estas nos vamos a referir hoy.

No hablamos de los salones que organizan restaurantes y hoteles para presentar a sus proveedores y facilitar algún servicio más. No. Ésas son propuestas puntuales, más próximas al “show-room” que al mercado. Quien va a esos eventos sabe generalmente que no va a encontrar la ganga ni el chollo, sino a ver qué le ofrece para su boda un lugar en concreto. Tampoco hablamos, porque ya lo hicimos, de esas ferias “temáticas” que buscan un perfil determinado y en el que normalmente no entramos las empresas generalistas. Tienen una política que no compartimos pero no podemos decir que estén mal organizadas. Hablamos de otras ferias que se lanzan sin criterio aparente buscando arrebatar cuota de mercado y lo único que consiguen es cansar a los visitantes y provocar el recelo cuando acudan a otro evento. Eventos más próximos al churro y algunos, con churros literalmente.

Realmente, montar una feria sin criterio con 20-30 expositores no es tan difícil de conseguir: encuentra un recinto adecuado (los hay) pon unos precios no muy altos y muévete por internet. Si tienes paciencia y un móvil con batería a prueba de bomba, se consigue. No decimos que bien. Se consigue. Hace tiempo vivimos una de esas ferias. Fue un auténtico caos, sin logística ni promoción y hasta sin planos para los expositores, que fuimos quedándonos con los sitios según llegamos, casi como quien conquista un territorio. Lo malo que tiene este sector es que los clientes son temporales: se casan una vez y el tema les interesa sólo durante los preparativos de su boda. No tienes que fidelizarlos (si no… aviados irían algunos). Con eso, puedes repetir el mismo caos de feria un año tras otro: otros novios picarán. Y como todo lo malo se pega, cada vez aparecen más ferias donde primero se buscan los expositores y luego se ponen las condiciones. Y claro, eso no puede salir bien.

Así las cosas, seguiremos yendo a ferias pero no a cualquier precio, recordando también que las ferias no escasean. Que quien se embarque en organizar una se dé cuenta que llegar es fácil pero mantenerse, muy difícil, y que este modelo de lanzarse a la aventura sin red no nos convence y, lo que es peor, al público tampoco. Por eso preferimos decirlo antes para prevenir a quien quiera leernos, que comprobar después que teníamos razón.

Cómo funciona “La ventana indiscreta”

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La fiesta de nochevieja de La Buena Vida en el Recinto Ferial de Gijón ha sido la prueba definitiva para nuestro fotomatón “La ventana indiscreta“. Más de cinco horas de fotos sin parar, cientos de imágenes y miles de personas que pasaron por delante de nuestro objetivo. El resultado no nos ha podido dejar más satisfechos.

El fotomatón “La ventana indiscreta” cuenta con un módulo central en el que va integrada una cámara digital HD (por supuesto, con flash) una pantalla LED y una impresora por sublimación, que agiliza el proceso de revelado (10 segundos para imprimir una tira) y da mayor calidad a las fotos. El equipo se presenta además con un photocall como fondo. Técnicamente, es uno de los más avanzados del mercado, con componentes de calidad en cada una de las partes que lo integran. Se podría hacer un fotomatón más artesanal, pero no nos daba confianza para lo que pretendíamos hacer.

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El servicio cuenta además con las siguientes ventajas:

Número ilimitado de fotos

Doble tira de fotos para cada posado (en el caso de las bodas, se incluye además un libro de firmas para adjuntar la segunda tira)

Tiras personalizadas, con la posibilidad de incluir un texto o incluso, la imagen corporativa de la empresa que organiza

Intranet privada para las fotos de cada evento, de modo que todos los invitados puedan acceder, ayudadados de una clave, a las fotos que se realicen en cada fiesta.

El uso de fotomatones para todo tipo de eventos está cada vez más en auge, de ahí que hayamos decidido ofertar este servicio conjunta o separadamente al ya habitual de dj. Para este próximo año ya son muchos los eventos que ya han reservado fotomatón. Tanto si estás organizando una fiesta pequeña como si lo necesitas para un evento grande, no dudes en ponerte en contacto con nosotros