Potencia con control

No hace mucho, durante el montaje de un equipo en un restaurante, el dueño nos agradeció que nuestro equipo tuviera cajón de graves y nos hizo llegar una queja que nos pareció peculiar: “acusaba” a los djs de olvidarnos de los subgraves y limitarlo todo a dos columnas autoamplificadas. Y decía que, además de oirse mal, los oídos pitaba a la media hora de sesión. Lo peor de todo es que no le falta razón.

Por comodidad, vagancia, desconocimiento o por las tres cosas a la vez, se abusa de los altavoces autoampliificados. Son prácticos, no requieren conocimientos técnicos para el montaje, cabe todo el equipo en un coche y, si eres muy cutre, incluso puedes hacer ceremonia y baile con el mismo equipo. Para un evento de hasta 70 personas no haría falta más. Pero, claro, el resultado si hace falta mucha potencia no es el mismo, ni de lejos.

Aprovechando los montajes para Nochevieja, subimos a nuestra cuenta de Instagram un vídeo probando nuestro último subgrave. El sonido es más redondo, se puede oir perfectamente en la otra punta del salón sin machacar los tímpanos… pero la prueba más concluyente del vídeo es que nos fijemos en la luces. Los efectos de iluminación se activan con la vibración: al llegar al estribillo, se disparan. Esto, abusando de los agudos, no pasaría. Por eso es recomendable siempre llevar un cajón de graves. Pero, claro: es pesado, ocupa espacio en la furgoneta (porque no, no cabe en un coche), hay que ecualizar el sonido y, en suma, hay que demostrar que se tiene un poco de logística. Algo que, desgraciadamente, cada vez se da menos en esta profesión…

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