Una de terror: vamos a poner un vídeo!

A la hora de afrontar una fiesta, según sea su experiencia, los djs pueden tener miedo de que el equipo les falle, de no acertar con el repertorio o que los invitados estén demasiado “chispillas”. Son miedos que se repiten aunque los de perfil más “técnico” no tendrán tanta preocupación por el equipo y los que tengan más don de gentes podrán lidiar con los invitados, estén como estén. Sin embargo, en lo que todos, absolutamente todos, van a estar de acuerdo, es en tener miedo a verse en una circunstancia como ésta. Nos ponemos en situación. Suena el teléfono (o peor aún, una notificación de whatsapp) y te dicen:

“Hola, somos amigos de (fulanito) que te ha contratado para la música. Le hemos preparado un vídeo sorpresa y queríamos hablar contigo del tema”. Y da igual que haga un día de sol espléndido. El cerebro del dj se llena de nubarrones como si estuviese en Mordor…

De entrada, ya hay un error, que ha sido preparar el vídeo antes de hablar. Pero obviando este pequeño detalle, lo que se nos viene encima es difícil de explicar con la lógica: va a haber que hacer un despliegue por sorpresa de pantalla, proyector, cable de audio y, en el mejor de los casos, ordenador (esto lo explicamos más tarde, nunca se sabe si es bueno o malo). Esto, en tiempo récord, sin opción de hacer pruebas en vivo y, sobre todo, con un evento en marcha.

Aquí vamos a hacer dos pequeños incisos. El primero va sobre la preparación del vídeo en sí. En cualquier presentación que requiere vídeo (entrega de premios, lanzamiento de un nuevo producto, etc), la prueba se hace antes, con el salón vacío, con todo el tiempo del mundo para calibrar audio y vídeo y con un margen para corregir errores. Nos olvidamos de todo eso en nuestra fiesta: tenemos el salón lleno, invitados que se cruzan, un ejército de camareros pasando, unos homenajeados a los que hay que secuestrar (a veces, literalmente) para que no vean los preparativos y, lo mejor de todo, es que no podemos probar el sonido para no desvelar la sorpresa. Muchas veces, la sorpresa nos la llevamos nosotros, cuando comprobamos que el vídeo no tiene sonido, ya con todo el mundo mirando. Si la fiesta es un globo, en ese momento se deshincha…

video mudo

glups, el vídeo no tiene sonido 🙁

El segundo inciso va sobre lo idóneo del momento. Porque el vídeo siempre se incrusta en el protocolo de la fiesta como un trozo de comida entre los dientes. Que puedes vivir con ello, pero te interfiere. Si además le sumamos que la idea original es que el vídeo se proyecte en el momento más crítico de la fiesta (si es una boda, antes del baile de los novios; si es un homenaje, justo cuando se van a dar los regalos) la posibilidad de cargarnos la emotividad del momento cumbre por un mal funcionamiento del vídeo es cerca del pleno. Y nuestro globo ya no es que esté deshinchado, es que se pincha directamente.

aunque no lo parezca, es muy importante comprobar que el ordenador está actualizado

aunque no lo parezca, es muy importante comprobar que el ordenador está actualizado

Porque parece que no, pero un vídeo tiene su ciencia. En primer lugar, el ordenador desde el que se lanza (retomamos nuestra llamada inicial). Nunca sabremos si es mejor que nos dejen un triste pendrive o que alguien quiera llevarse su portátil. Aquí hemos visto de todo: desde el cable HDMI que anula la tarjeta de sonido (habitual) hasta el ordenador del trabajo que viene “capado” y no permite configuraciones, el mac que va por libre, el ordenador ultraplano sin salida VGA o el que viene sin reproductor de vídeo. Si tenemos el portátil perfectamente configurado, estupendo. Ya solo nos puede fallar el montaje de vídeo: que sea un formato que no se lea, que esté grabado con muy poca calidad de sonido, que las imágenes pesen tanto que no haya transiciones sin píxeles sueltos o que hayamos preparado un powerpoint sin enlazar las imágenes o el sonido. Damos totalmente por perdida la batalla por explicar que los proyectores no son una buena opción cuando al salón entra luz exterior. Y mira que explicamos que el Autocine por el día no funciona, pero nada… Y ya, por último, puede que todo funcione bien pero nos pasemos de duración. Un vídeo debería durar unos 7 minutos (2 canciones). Nunca más de 10. Podemos asegurar que hemos tenido vídeos de 38 minutos. No aguantaron ni los hielos de la barra.

windows-pantalla-azul-3

Y ¡ojo! Que no estamos pidiendo que no se hagan vídeos. Es un detalle bonito y emotivo. A veces, también simpático pero… si no se preparan lo suficiente y se colocan en el momento menos oportuno (que siempre es así cuando se roba protagonismo a los verdaderos protagonistas de la fiesta) nos podemos cargar el momento más importante del día.

Nuestro consejo: preguntar antes de editar y esperar para poner el vídeo. Cuando el baile lleve ya un rato o la fiesta flojee, no antes. La opinión de los que ya llevamos muchos vídeos a las espaldas se debería tener en cuenta. Y fiarse de lo que opinan los expertos sobre el ordenador (no por ser más caro va a ser mejor)No queremos chafar la fiesta a nadie ni quitar las ganas de dar una sorpresa. Tradicionalmente, en las bodas, se ha escogido el momento previo al inicio del baile pero eso se hacía, principalmente, porque el dj no solía llegar hasta esa hora. Ahora se puede jugar con los tiempos, se debería instaurar otras costumbres: ponerlo un buen rato antes de abrir el baile o, mejor aún, un buen rato después. Y preferentemente, con pantallas de TV que no estorban en mitad de la pista de baile, no con proyectores.

Para finalizar, una pequeña reflexión: hay otro error más grande, que no hemos enunciado aún, y que es pensar que estas cosas son responsabilidad del dj. No. Son responsabilidad exclusivamente de quien tiene la idea del vídeo. Y esto es algo que nos duele mucho: que el vídeo no funcione y se lancen contra el dj. A nosotros nos ha pasado alguna vez, y es muy injusto. Pero no somos un caso particular: hay empresas que cobran una cantidad y lo hacen con “efecto disuasorio”, aunque nunca cubre el riesgo. Tampoco hemos aceptado nunca que critiquen a un compañero de profesión porque “falló el sonido” o “falló el vídeo”. No es cosa suya, salvo que le hayan contratado los medios técnicos para el vídeo y eso es algo que, por desgracia, pocas veces se pregunta.

Si con todo esto, aún no nos odias y quieres montar un vídeo sorpresa, perfecto. Solo te pedimos que tengas en cuenta nuestros consejos. Estamos seguros de que te vendrán bien y que, si nos haces caso, el vídeo va a ser un éxito

Repetir canciones ¿sí o no?

Vamos hoy con una duda que este año, con la irrupción de “Despacito”, nos asalta más que nunca. ¿Cuántas veces se puede repetir una canción en una fiesta?

Los más puristas dirán que ninguna. Que en una sesión de dj no se repiten canciones. Y no les falta razón. Cuando empezamos en este negocio, la parte de los bises era como en los conciertos en directo. Podías hacerlo solo en casos muy justificados. Pero eso era antes. El público ha cambiado, ya casi no se sacan discos y el número de canciones que se editan ha bajado muchísimo, y tampoco hay una división por edades tan clara. Ya no saltamos  de “pachangadas” a “moderneces”, como nos dijeron una vez en una boda. Dicho esto, ¿está bien repetir canciones? ¿Cuántas veces?

La duda está ahí porque la hemos vivido. En más de una ocasión, el cliente nos ha pedido tres y cuatro veces el mismo tema: para él, para su hermano, para dedicárselo a fulanito… Ya sabéis que dicen que el cliente siempre tiene razón. ¿En este caso también?

Tenemos claro que nuestros eventos son personalizados. Rara vez pinchamos música como se hace en un pub, donde el público se renueva cada hora u hora y media y puedes echar mano de los temas más populares sin miedo a que te acusen de repetirte. Lo nuestro suelen ser fiestas en las que compartes espacio con el mismo público durante muchas horas. Habiendo tantas canciones en la base de datos, ¿está bien poner 3 ó 4 veces el mismo tema? Nosotros creemos que no, pero si la duda no estuviera ahí, no la plantearíamos…

Los djs somos gente normal

Lo admitimos. Somos gente común. Incluso alguno podrá calificarnos de “ordinarios”. No tenemos cochazos blancos, no vivimos rodeados de lujos, tronistas y aduladores. No nos levantamos a las 4 de la tarde ni vivimos de noche. Es más, algunos, incluso, tenemos hijos (y vivimos con ellos), vamos a la compra, echamos la gasolina al coche y hasta nos podrán ver en algún banco reclamando las comisiones. Ojo, que a algunos clientes les extraña eh? (ya hablaremos en otro momento de la insistencia en quedar los domingos para hablar de música, jeje)

Puede parecer que esto es restarnos importancia. Que nos estamos quitando ese aura de divinidad que se nos supone porque “Somos los que manejamos la fiesta”. Sí, Van Bueren, Guetta o Aoki son superestrellas. Pero no es lo que hacemos nosotros. Y quizá es bueno bajarnos a la tierra para que se nos deje de ver como bichos raros, aunque decir esto en el país de Paquirrín, Sofía Cristo, Fonsi Nieto o Jaime Alguersuari, todos ellos, ejem, djs, es complicado.

Pues no: en el fondo, somos normales. No tenemos el don de la inmortalidad ni el de la infabilidad. Cuanto más cerca estemos de quien nos contrata, mejor. De ahí que no entendamos esa moderna tendencia de anunciar los djs de las empresas con nombres rimbombantes que acaban siempre en “DJ”: Madmax DJ, Toloko DJ, Pepito Pérez DJ… Vamos a ver: cuando un cliente se acerque a hablar contigo, va a hablar con una persona, no con un producto, que diría Risto. Y no olvidemos que un 90% de nuestro éxito depende del trato con el cliente.

En Sonifon no vas a encontrar a ningún “Juan Fernández DJ”. Como mucho, a un Juan Fernández con el que hablar de música, del evento en cuestión o de la vida en general. Si no hay complicidad con el cliente, todo es mucho más complicado. Ser DJ es nuestra función, pero no nuestra vida. Porque, en el fondo, si un dj lo es 24h, nunca va a estar en contacto con el mundo real.

Potencia con control

No hace mucho, durante el montaje de un equipo en un restaurante, el dueño nos agradeció que nuestro equipo tuviera cajón de graves y nos hizo llegar una queja que nos pareció peculiar: “acusaba” a los djs de olvidarnos de los subgraves y limitarlo todo a dos columnas autoamplificadas. Y decía que, además de oirse mal, los oídos pitaba a la media hora de sesión. Lo peor de todo es que no le falta razón.

Por comodidad, vagancia, desconocimiento o por las tres cosas a la vez, se abusa de los altavoces autoampliificados. Son prácticos, no requieren conocimientos técnicos para el montaje, cabe todo el equipo en un coche y, si eres muy cutre, incluso puedes hacer ceremonia y baile con el mismo equipo. Para un evento de hasta 70 personas no haría falta más. Pero, claro, el resultado si hace falta mucha potencia no es el mismo, ni de lejos.

Aprovechando los montajes para Nochevieja, subimos a nuestra cuenta de Instagram un vídeo probando nuestro último subgrave. El sonido es más redondo, se puede oir perfectamente en la otra punta del salón sin machacar los tímpanos… pero la prueba más concluyente del vídeo es que nos fijemos en la luces. Los efectos de iluminación se activan con la vibración: al llegar al estribillo, se disparan. Esto, abusando de los agudos, no pasaría. Por eso es recomendable siempre llevar un cajón de graves. Pero, claro: es pesado, ocupa espacio en la furgoneta (porque no, no cabe en un coche), hay que ecualizar el sonido y, en suma, hay que demostrar que se tiene un poco de logística. Algo que, desgraciadamente, cada vez se da menos en esta profesión…

Síguenos también en Instagram

Si quieres ver imágenes de nuestros eventos y vídeos de nuestras fiestas, la mejor solución es entrar en nuestro perfil de Instagram. Es muy fácil: www.instagram.com/sonifon Podrás seguirnos desde cualquier móvil de una forma rápida y directa y encontrar fácilmente todos los contenidos: montajes, eventos, momentos destacados, comentarios de nuestros amigos…

Sonifon en Instagram