Ferias y churros

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Uno de los temas más recurrentes en este blog ha acabado siendo el sector de Ferias de Novios, porque, sí, ya son un sector en sí. O más que un sector, un mundo aparte. Y sí, son necesarias y sí, son demasiadas. Algunas, como las dos más grandes de Asturias (las que organizan la Cadena COPE en Oviedo y la Cámara de Comercio en Gijón) funcionan pero se hacen la competencia la una a la otra, algo que ya hemos comentado innumerables veces con sus organizadores. Otras, por desgracia, se hacen la competencia a sí mismas. Y lo peor es el daño que hacen al mercado. A estas nos vamos a referir hoy.

No hablamos de los salones que organizan restaurantes y hoteles para presentar a sus proveedores y facilitar algún servicio más. No. Ésas son propuestas puntuales, más próximas al “show-room” que al mercado. Quien va a esos eventos sabe generalmente que no va a encontrar la ganga ni el chollo, sino a ver qué le ofrece para su boda un lugar en concreto. Tampoco hablamos, porque ya lo hicimos, de esas ferias “temáticas” que buscan un perfil determinado y en el que normalmente no entramos las empresas generalistas. Tienen una política que no compartimos pero no podemos decir que estén mal organizadas. Hablamos de otras ferias que se lanzan sin criterio aparente buscando arrebatar cuota de mercado y lo único que consiguen es cansar a los visitantes y provocar el recelo cuando acudan a otro evento. Eventos más próximos al churro y algunos, con churros literalmente.

Realmente, montar una feria sin criterio con 20-30 expositores no es tan difícil de conseguir: encuentra un recinto adecuado (los hay) pon unos precios no muy altos y muévete por internet. Si tienes paciencia y un móvil con batería a prueba de bomba, se consigue. No decimos que bien. Se consigue. Hace tiempo vivimos una de esas ferias. Fue un auténtico caos, sin logística ni promoción y hasta sin planos para los expositores, que fuimos quedándonos con los sitios según llegamos, casi como quien conquista un territorio. Lo malo que tiene este sector es que los clientes son temporales: se casan una vez y el tema les interesa sólo durante los preparativos de su boda. No tienes que fidelizarlos (si no… aviados irían algunos). Con eso, puedes repetir el mismo caos de feria un año tras otro: otros novios picarán. Y como todo lo malo se pega, cada vez aparecen más ferias donde primero se buscan los expositores y luego se ponen las condiciones. Y claro, eso no puede salir bien.

Así las cosas, seguiremos yendo a ferias pero no a cualquier precio, recordando también que las ferias no escasean. Que quien se embarque en organizar una se dé cuenta que llegar es fácil pero mantenerse, muy difícil, y que este modelo de lanzarse a la aventura sin red no nos convence y, lo que es peor, al público tampoco. Por eso preferimos decirlo antes para prevenir a quien quiera leernos, que comprobar después que teníamos razón.